Estoy aprendiendo a mitigar mis emociones cuando se me agolpan, o a sosegar el ánimo cuando zozobra. Al calibrar mis gestos, calibro y canalizo mejor los impulsos, trato de detenerme en la duda y escucharla, y de paso trato de no juzgarme y de no juzgar sin antes pensar con claridad. No sé si es posible estar por encima del bien y del mal, pero sí creo en la voluntad de aprender a aceptar las cosas tal como llegan, buenas o malas.